La marcha

Horizonte. El Roto para El Páis

El hecho

Nunca supe cuándo llegaría el momento. Ahora sé que el día de mi marcha es el 12 de Febrero.

Muy a mi pesar, no podré ser miembro de la Royal Society en el Londres de la gran plaga, ni ingeniero en la Amsterdam de los diques, alquimista en una feria prohibida, ni comerciante genovés, escriba de Alejandro Magno, marino en Manila, ni cura en Veracruz. Pica piedras en Potosí, miembro de la corte de cualquier Luis francés, agente secreto en Irán, ni arquitecto en Estambul. Lawrence de Arabia, Rey de Abisinia, kurdo en el kurdistán, Zenobia, ni tampoco Constantino en el IV.

Programador en los comienzos de Internet, emprendedor y emigrante en 2013.

Durante febrero con una maleta y un portátil cogeré un vuelo de ida para Sheffield, Inglaterra. Allí residiré por tiempo indeterminado, -no se pregunten más, que ni yo lo sé-.

Tras más de 5 meses de inecuación, podremos al fin volver a ser dos y dejar de ser uno más uno, a cada lado del canal de la Mancha.

 

 

Lo que abandonas

Aunque la intención de marcharnos se remonta 6 años atrás, hace sólo varios meses que tomamos la decisión. Desde entonces miro a los ojos de los más cercanos buscando un “algo” que ocupe el vacío que sé que voy a provocar. Sabiendo que las sensaciones son recíprocas. El suyo es un vacío parecido pero diferente al mio. El que se va, el que se queda. Teniendo claro que soy yo quien lo provoca, sabiendo que no hay alternativa. Esta huida hacia adelante es un abandono de muchas cosas, y a diario me cuestiono… una ecuación que no tiene solución.

A los que siempre andaron y andarán orbitando cerca de mi. Desde hace meses cada instante con ellos ha sido un reconocimiento silencioso a su mimo, a su cariño. Un préstamo me han concendido de nostalgia y de reconocimiento.

A los inertes, con los que he compartido tanto tiempo. Allí donde vaya tendré que volver a encontrar esos rincones perdidos, esos camareros reflexivos, esos “te pongo lo de siempre, no?”. Esas terrazas del Carmen, el contexto de una gran parte mi vida. Fraguas de reflexiones que me han hecho como soy, donde pasé la nostalgia, donde escribí tantas líneas como estas, de sueños, de viajes y de posibles futuros como el que ahora acontece.

La nostalgia es un plato que se sirve desde lejos. Sin embargo, parece que ya he probado bocado y todavía sigo aquí.

 

 

La incógnita

Si algo he aprendido de los viajes y de la historia es que el mundo siempre ha sido vil y traidor con alguien. Y va a seguir siendo así. No me voy a un lugar que no sea así. No busco justicia, ni dinero, ni esperanza para la clase media, ni busco el bienestar que aquí no encuentro. Tampoco busco forzar un “mirar para otro lado”. Solo quiero andar mi camino y acompañado de ella, adornarlo como nos gusta. Ese será nuestro legado.

Intentaré, eso sí, eliminarme este constante sabor de boca amargo, esta indignación  indignada. Con la asertividad y la frialdad necesaria para que no me pase desapercibido, pero adquiriendo perspectiva y no olvidando el foco.

 

Gracias a todos.

 

Si eres capaz de temer por adelantado, sé justo y disfruta por lo desconocido.

3 Replies to “La marcha”

  1. En el 85 mis viejos se fueron de Argentina por lo que pensaban que iban a ser 4 meses… Terminamos volviendo 12 años después. En esa época no había internet, cuando escribías una carta la respuesta llegaba un mes después como mínimo, y el teléfono larga distancia funcionaba una vez si una vez no… Pero lo más importante, íbamos a la par los 4, siempre. Cada vez que puedo les agradezco el haberse dejado llevar por un camino distinto, difícil pero lleno de esperanzas. Como hija de emigrantes y emigrante yo misma, brindo también por lo desconocido!

  2. Muchísima suerte amigo. Espero que encuentres cosas positivas en esta aventura y que puedas mirar la vida de una forma positiva. Eres una persona increíble y aunque no creas en la justicia, la vida siempre acaba poniendo a cada uno en su lugar y tu te mereces un pedestal.
    Un abrazo muy fuerte y sed felices!

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